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Trasfondos 3

Nuevo trasfondo, esta vez de el amigo Ishay, que desde logroño se llevó el premio al mejor trasfondo de el torneo de estella, consistente en el libro la búsqueda sagrada. Huelga decir, que su ejército es de Condes Vampiro, es decir, no-muertos.

Del Diario de Frederick Lors

Dia 3

Dicen que a veces se utiliza una expresión para recordar una experiencia que ya se ha tenido, “Déjà vu”, creo. Desde hace tiempo estos se acontecen entre mis pensamientos de forma vertiginosa y siempre tengo la misma duda, ¿es si algo que me sucedió estando vivo o estando muerto?

Esta mañana hemos levantado campamento en un claro del bosque Reignal, se que no lo necesitamos pues ¿que necesidades físicas o sociales tiene alguien que está muerto?, pero sin duda aún albergamos muchas hábitos de nuestra vida pasada y aunque como he dicho, no lo necesitamos, tal vez sea por mantener algunas de las costumbres anteriores para que nuestra disciplina como guerreros se mantenga intacta, pues eso somos y para eso estamos aquí. Hace menos de dos meses éramos el segundo regimiento de espadachines de Tirlo y yo, Frederick Lors, era su gentil capitán. Ahora formamos parte de la legión de las almas perdidos, bajo las ordenes del poderoso vampiro Lurf Kal Voman. Es curioso que a pesar de que fue su espada la que me robó la vida en desafió y sus tropas las que dieron muerte a las mías en el campo de batalla, hoy estamos aquí dispuestos a luchar a su lado. No se porque. Es irónico jurar lealtad a quien te dio muerte, pero algo en mi interior me empuja a hacerlo, matar en su nombre es en estos momentos para mi el mayor de los privilegios. No se si es simplemente la necesidad de servir como guerrero o algo más profundo, pero siento que mi motivación no ha cambiado, solo mi naturaleza.

Francamente, el mundo de los muertos no es tan diferente del de los vivos. Las enormes bestias de caza que he visto en el campamento me recuerdan los ladridos de los feroces mastines que nos acompañaban en las partidas de caza y a su vez, los gigantescos murciélagos que sobrevuelan continuamente el campamento me hacen recordar las nobles aves de cetrería que tantas veces seguía con la mirada, si es que ahora no sigo haciéndolo.

Incluso nuestro regimiento porta un orgulloso estandarte, una muestra del poder que atesora nuestro ejercito, los huesos lacados retumban en los tambores y como el mejor de todos los guerreros esqueleto que forman el corazón de la tropa, yo, Frederick Lors, me erijo con una soberbia armadura al frente de ellos como su capitán. Sí, no somos tan diferentes de los vivos….

Día 5

Y sin embargo somos tan diferentes… Hoy hemos participado en una pequeña refriega, dos pequeñas aldeas han caído en un solo día y todos sus habitantes pertenecen ahora a nuestras filas, bueno, al menos están al lado de nuestras filas. Tras haberlos asesinado a todos mi señor Luf Kal Voman, ha desatado una fuerzas infernales que han reanimado poco a poco a todos aquellos habitantes que no estaban demasiado mutilados como para permanecer en pie. Hemos tenido que rematar algunos desechos que no servirían para la batalla, cuerpos seccionados que se arrastraban por el suelo y la mayoría de los niños.

Este acto, junto a la logística que hemos desplegado me ha sorprendido. Guardo recuerdos, visiones en los que mi espada se detenía ante los niños, ante las mujeres; ante los ancianos. Sin embargo ahora mi brazo ha sido firme, cualquier enemigo con vida que se cruzara delante mío debía ser sacrificado, no se porque antes podía tener ese tipo de dudas… Ahora todo es tan fácil; matar, moverse, hacer aquello para lo que nos han creado. Era un espectáculo digno de ver, el regimiento desplazándose durante toda la noche sin ningún atisbo de cansancio; atacar el primer poblado en plena oscuridad, percibiendo la esencia vital de nuestras victimas, ver a todo el regimiento actuando al unísono sin necesidad de gritos confusos y desesperados en medio de la refriega, solo el tétrico sonido de los tambores. Era algo mágico, algo …

Día 16

Nuestras fuerzas aumentan, nuestro poder también. Recién han llegado al campamento un regimiento de poderosos caballeros montados. Pude reconocer el emblema corrompido de su estandarte, la casa noble de Heldor y al frente de todos ellos al conde Mikael Bonn o más bien el recuerdo tenebroso del noble guerrero que fue. La historia del conde es una historia de honor, nobleza y justicia, un gran hombre amado por su pueblo. Decía la historia que partió junto a sus caballeros en lucha contra el poder del caos, nunca más se supo de el, tal vez eso fuera lo mejor para aquellos que un día le amaron, ya que de volver a cruzarse sus destinos sería para que Mikael reclamase sus vidas.

Junto a ellos llegó otro poderoso vampiro, un guerrero con negra armadura y ojos capaces de atravesar el metal, sin duda una bestia dormía dentro del cuerpo de ese hombre y no me gustaría estar delante cuando esta se despierte. Se presento ante mi señor en una muestra de respeto, no sin cierta arrogancia. Pude escuchar su nombre entre el sonido de sus mentes: Zvonimir, así se llamaba el joven vampiro, si es que se puede llamar joven a un despiadado cazador de 200 años. Manteniendo su arrogancia miro hacia alrededor evaluando las tropas y una mueca de desprecio apareció en su rostro, sin duda no seríamos oponentes para el, así que solo cabe esperar que sus habilidades marciales estén a la altura de su arrogancia.

Día 21

Lo hermoso de la muerte es sin duda poder conocer los secretos de aquellos que duermen. Durante días nuestro señor ha permanecido en reposo; mientras tanto, podíamos sentir la energía oscura concentrándose en torno a nosotros, crepitando vivazmente como una hoguera alimentada de forma constante con leña seca. Finalmente, los vagos recuerdos de mi alma me han recordado el motivo de su meditación: “Geheimnisnacht”. En el otro lado durante esta noche los vivos tratarán de hablar con los muertos, de hacerles saber que aún les recuerdan. ¡Necios!, si supieran lo que implica hacernos volver sus deseos se tornarían en pesadillas, y sin embargo a sus creencias no les faltan razón, pues nuestro señor ha traído desde el otro la más horrible de las leyendas: las almas de los hermanos “Cimarrón”: tres brujos asesinos de mujeres y niño, depravados devoradores de hombres y poseedores de una maldad sin límites, cruzaron durante el Geheimnisnacht el gran abismo que separa a los muertos de vivos, acompañados de los cientos de almas de aquellos a los que dieron muerte en vida, para jurar lealtad a mi señor pidiendo solo como recompensa la esencia vital de los vivos a los que dieran caza. Solo oír su nombre y nuestros enemigos huirán sin presentar batalla. Mas su presencia no nos causa temor alguno, con la muerte abandonamos las pasiones humanas; el miedo, la desconfianza, la piedad… todas ellas no nos pertenecen, las hemos dejado como sufrimiento de los vivos, pues somos la pesadilla que atormenta sus almas, la reencarnación de la desesperación de los hombres, la promesa de que no habrá futuro para sus hijos.

Con nosotros está el arma más poderosa, las propias almas de nuestros enemigos, traídas del más allá para luchar por nosotros.

Dia 30

Nuestra primera gran batalla, nuestra primera gran victoria, y para más gloría nuestro regimiento como pilar del ejercito, con nuestro señor Lurf Kal Voman combatiendo a nuestro lado, matando a un enemigo con cada golpe de su espada. Era impresionante movernos como uno solo, ver a nuestros rivales temblar mientras nos manteníamos impasibles avanzando para darles muerte. ¡Sin prisioneros, sin piedad! Todos y cada uno cayendo bajo nuestras espadas, mientras nuestro señor reanimaba sus cuerpos para enfrentarlos a sus antiguos camaradas; muchos de ellos ni siquiera se atrevieron a alzar las espadas mientras sus antiguos compañeros reclamaban ahora sus vidas.

Se que en mi anterior vida temía a la muerte, mi señor me lo ha dicho. Sin embargo ahora se que la muerte es renacer como algo superior. Todo lo que te hacía débil desparece y solo queda la mayor virtud del guerrero, la templanza; es como viento que se lleva la arena para descubrir la dura piedra escondida.

Por ello, mi señor, Kal Voman, tal como hice en una vida anterior, solo puedo hincar la rodilla en el suelo, mirar humildemente las manos del poderoso guerrero en el que me habéis convertido y daros las gracias.

Trasfondos (2)

Bueno, uno algo cachondo, de el amigo Carlos, desde Noain (Navarra). Su ejército: condes vampiro

NINFÓMINA Y CLÁTARIS

Dicha historia comienza en un pequeño poblado del Imperio llamado Putisklub. En el año 2069 nació una preciosa muchacha a la que bautizaron con el nombre de Ninfómina.

Ninfómina crecía muy rápido y pronto empezó su curiosidad hacia las artes de la magia. Con 13 años, la niña empezó a dar clases de magia en una pequeña escuela que regentaba un sabio mago llamado Vandalf. La muchacha enseguida destacó entre los alumnos convirtiéndose en una prometedora aprendiz de maga.

Con el paso de los años, Ninfómina se hizo muy amiga de una compañera de clase llamada Clátaris. Cada vez se les veía más unidas, hasta tal punto que Ninfómina se enamoró de ella, pero decidió ocultar éste sentimiento, ya que las leyes de esa época penaban la homosexualidad con la tortura, la humillación y hasta la muerte. Además no quería contárselo a su amiga, ya que temía que se lo tomase mal y las cosas no fueran tan bien como lo eran hasta ahora.

En el décimo-octavo cumpleaños de Ninfómina, le prepararon una gran fiesta. Tras varias horas de mucho alcohol y desenfreno, Ninfómina y Clátaris acabaron tumbadas a la orilla del río, mirando la gran luna llena que inundaba el cielo de esa noche. Cuando apenas llevaban 5 minutos observando la luna, Ninfómina se giró y le dio un beso a Clátaris. Tras unos segundos de incertidumbre, Ninfómina puso cara de arrepentida, pero inmediatamente Clátaris le respondió con una sonrisa. Nuestra protagonista le contó todo lo que sentía y Clátaris le dijo que a ella le pasaba exactamente lo mismo. A partir de ese día, a las dos chicas se les veía más unidas si cabe y una no hacía algo si no era en compañía de la otra.

Un día en el que las dos se encontraban en el monte realizando prácticas de magia, acabaron como tantas otras veces, en el fondo de una cueva realizando todo tipo de juegos sexuales. En el momento de máxima lujuria entre las dos, apareció un cazador de la realeza y observó la escena. Pronto llegó a oídos del mandatario del pueblo e inmediatamente ordenó torturar a las dos jóvenes para que sirviera de escarmiento y nunca más se diera un caso parecido.

Llegó el día del castigo. Las muchachas fueron clavadas en unas grandes cruces por las manos y sometidas a fuertes latigazos. Se decidió dejarlas toda la noche clavadas en las cruces, y si a la salida del sol seguían con vida, se les bajaría y se les devolverían a sus familias. Cuando ya todo el mundo dormía en sus casas salvo los guardas que custodiaban las cruces, una extraña figura apareció entre las sombras. En cuestión de segundos, los guardas aparecieron decapitados y rodeados en un charco de sangre. A continuación, la extraña figura se abalanzó sobre Ninfómina (que permanecía inconsciente) y clavó los dientes en el cuello de ésta. Inmediatamente hizo lo mismo sobre Clátaris y después desapareció entre las sombras. A los pocos instantes, ambas abrieron bruscamente los ojos (los cuales estaban inyectados en sangre), se deshicieron de los clavos y se fueron del pueblo.

Nadie ha visto a las jóvenes desde ese día, pero hay lenguas que aseguran que preparan su venganza desde lo más profundo de los bosques, reclutando todo tipo de seres de ultratumba, esperando el momento oportuno para llevar a cabo sus planes…

Trasfondos (1)

Inauguro una serie de post dedicados a los trasfondos de warhammer fantasy que he creado y que algunos colegas warhammeros han creado y enviado por mail a nuestro recien acabado torneo, el 4º, que se realizó el domingo 11 de mayo.

EL ENEMIGO INTERIOR

Sea ésta una noble contemplación que fortalezca la mente para el deber, aliente el espíritu para la adoración, y estabilice la mano para la batalla, y también que advierta al incauto contra el descuido de la vigilia o la piedad. Así declamó fray Albus Dominus de Wolfenburgo, sacerdote de Sigmar, hoy tricentésimo día del año 2520, ante una gran congregación de buenas gentes en el gran templo de la ciudad, y transcrito como perfecto testimonio por R. Josephus, rubricante. Encomiéndome, oh Señor, a su Majestad Imperial Karl Franz, azote de los paganos, en la gracia eterna de Sigmar, por los siglos de los siglos.

Acercaos y escuchadme, ya seáis labradores o guerreros, de alta o baja alcurnia. Atendedme. Estas palabras son para vosotros, pues ¿no sois todos hombres nacidos del Imperio?
Veo que asentís. Sí, escuchad, pues, y reflexionad. Ser un hombre nacido del Imperio es ser una pequeña parte de un todo mayor, y para desempeñar esa parte, uno debe saber cuál es su sitio en el engranaje del mundo.

¡El primer deber de un hombre es regocijarse, pues el Imperio es la gloria en la tierra!

¡Es la luz que expulsa la oscuridad exterior! ¡Nunca antes, desde el principio de los tiempos, había creado el hombre tan insigne y civilizado patrimonio sobre la faz del mundo!
Para el hombre vulgar, esto es algo que debe saber, aun cuando no sea capaz de verlo. Hasta el mismísimo y santo Emperador, desde las más elevadas almenas de su palacio, incluso desde la más encumbrada torre de Middenheim, es incapaz de ver los confines de sus dominios en su totalidad. Se dice que un hombre, incluso con una buena montura, habría de cabalgar durante todo un semestre de su vida para cruzar el Imperio de un margen a otro. ¿Y cuántos hombres, de baja y común ralea, nunca se aventuran más allá de los límites de sus aldeas, o los linderos de su parroquia? Tales hombres no saben nada del todo mayor, salvo lo que oyen de viajeros y eruditos; tales hombres nunca contemplarán un edificio más esplendoroso que el edificio de su gremio en su propia ciudad, ni una torre más inmensa que el chapitel de la iglesia de su humilde pueblo.
No obstante, como los pensadores de la antigüedad nos han enseñado, sólo porque no veamos algo no significa que no esté ahí. No vemos al radiante sol por la noche, mas sabemos que duerme a salvo en su cavidad bajo la tierra. No vemos al todopoderoso Sigmar, mas no cabe duda de que siempre nos protege.

Así sucede con el Imperio. Estamos rodeados por su vasto dominio, en el que hay montañas y páramos, forestas y pastos, ríos y valles, y muchos pueblos y grandes ciudades, pobladas así por la plebe como por la nobleza. Pero nunca lo vemos en su totalidad.

Para imaginarlo en su totalidad, imagina esto en su parte. En la hermosa Altdorf, en las resplandecientes estancias del palacio más real de todos, existe una cámara de la más extraordinaria belleza. Los pilares de sus muros están envueltos en láminas de oro, y los grandes ventanales dan al mismo río Reik, una vista espléndida. Sobre los muros cuelgan multitud de tapices en los que hay hilvanadas escenas de cacerías y batidas, de guerra y victoria, de Lord Sigmar y los Unberogen. ¡Maravillas para la contemplación! Pero es el suelo lo que más cautiva la mirada.

Sobre su amplia superficie hay incrustado, por medio de hermosa artesanía, un mosaico de madera esmaltada y metales pulidos, que conforman con detalle un mapamundi, una carta geográfica de este mundo que es el Imperio. Pocos hombres han tenido el privilegio de ver este mapamundi, pero sólo porque no veamos algo no significa que no esté ahí.

Yo lo he visto. Lo he visto encendido con velas. Tal cosa es…espléndida.
Los límites del Gran Mapa están hechos de madera satinada e hilos de plata, que muestran los límites helados de nuestros dominios. Casi intacto, un majestuoso círculo de montañas rodea al Imperio, como el elevado borde de un enorme cáliz. Dentro de ese cáliz descansa la preciada sangre vital del Imperio y toda su riqueza.
Segmentos de cal y madera de palo de rosa se entrelazan con bruñidos paneles de cobre verde para representar el alcance de las once provincias, y unos florones de roble y arce, liados con hilos de oro, marcan los emplazamientos de las grandes ciudades estado. Cada pueblo o ciudad próspera es un botón plano de marfil. La red de ríos y sus afluentes se perfilan con barras de perla y bucles de acero hilado. Los lagos son trocitos de espejos. Los inmensos bosques del reino, como galones plegados de ébano, salpican todo el suelo como el pelaje de una yegua pinta.
¡Tanta artesanía es digna de admiración! Aquí está Nordland, de cara al mar. Aquí, si os fijáis, está Ostland, y también Hochland, rodeada de bosques, a través de las abigarradas moles de las Montañas Centrales. Hacia el este, Ostermark, que protege la frontera del norte contra la fría usurpación de Kislev; ahí la rural Stirland y el territorio de la Asamblea, tras las cuales se elevan las Montañas del Fin del Mundo. Hacia el sur, Averland y Wissenland, cercadas por el este por las Montañas Negras y hacia el oeste por la antigua región boscosa conocida como Loren. Y ahí están Talabecland, Middenland y Reikland.
Mirad más de cerca las orgullosas ciudades: Nuln, rebosante de acre pólvora negra, la fundición del Imperio; Talabheim, el Ojo del Bosque, cuyas impenetrables murallas protegen sus pasturajes de los bosques exteriores; Middenheim, la ciudad del Lobo Blanco, un escarpado baluarte que se alza sobre el resto del mundo; y Altdorf, la real Altdorf, la joya del Imperio. Y aquí está Wolfenburgo, nuestra propia y bella ciudad, guardiana impenitente de los límites de Ostland.

¡Maravillaos ante él! ¡Regocijaos ante éste, el Imperio del hombre! Imaginad de nuevo esa bella cámara, imaginadla en una hermosa noche de verano, tal y como fue en la ocasión en que yo la presencié. Aparecen unos sirvientes, vestidos con elegantes libreas. Portan llameantes cirios en candeleros de oro (¡uno!, ¡dos!, ¡una docena!, ¡más aún!), y los colocan sobre el Gran Mapa para señalar las poderosas ciudades y ciudades estado. También pequeñas velas, igualmente encendidas, traídas por más sirvientes y dispuestas sobre la marca de cada pueblo y burgo notorio. ¡Qué visión!: Con los últimos rayos de sol entrando por los ventanales, el Gran Mapa se ilumina con miles de puntos de luz, ¡una constelación que perfila con centelleante gloria la inmensidad de nuestros dominios!

Así es que puede regocijarse el hombre.
Pero ahora atendedme. Si la primera obligación del hombre es regocijarse, la segunda es precaverse. Pues con todo el dorado esplendor del Imperio, con todo su valor y saber y
monumentos de piedra, se opone a él un gran y perpetuo peligro: enemigos más numerosos que todos los árboles del bosque.

Se ocultan en la oscuridad; en la oscuridad helada más allá de las paredes montañosas, la oscuridad sombría de los frondosos bosques, la oscuridad sepulcral de los pozos subterráneos. Acechan en ruinas, en lugares desiertos, en la alta hierba de los campos olvidados, en las crujientes y verdosas sombras de arboledas abandonadas. Se escabullen por catacumbas resecas, arañan bajo el sílex y el granito de las solitarias colinas, embrujan las destartaladas ruinas de aldeas abandonadas por el hombre hace mucho. Incluso acechan en nuestros sueños. Y, al caer la noche, cantan lamentos fúnebres con los chotacabras y obran contra nosotros; curiosos, avariciosos, salvajes, voraces, hambrientos.

Los enemigos son más viejos que nosotros, más aún que las tribus de las que provenimos los hombres del Imperio. ¡Movidos únicamente por el clarín y grito de guerra “¡Matadlos a todos!”, incendiarán el mundo, nos traerán la perdición y portarán nuestras cabezas en picas!
¡Tembláis y os estremecéis! ¡Hacéis bien! ¡Nos tomarían como trofeos de guerra, derribarían nuestras murallas y quemarían nuestros cultivos! ¡Nuestras mujeres, nuestros niños, ninguno estaría a salvo de la atroz carnicería!
Así pues, debemos vigilar sus primeros movimientos, y afilar nuestras hojas. Apostar centinelas en las murallas. Cerrar las puertas al caer la noche. Escuchar el susurro del viento y los sonidos que puede traer. Desconfiar de la oscuridad, de las roedoras ratas, e incluso del vecino de comportamiento extraño. El enemigo adopta todo tipo de formas y apariencias.
Algunos son bestias, otros pertenecen a tribus salvajes y bárbaras, y aún otros son alimañas que moran dentro de nuestros propios muros. La mayoría no saben nada de nuestros orgullosos y justos dioses, o si lo hacen, creen que son sólo cosas brillantes a las que ansían derribar y pisotear. Poseen sus propios espíritus, deidades y demonios salvajes a los que veneran con gozosa lujuria y cuyos tributos están hechos de sangre. ¡En el nombre de Sigmar, renunciamos a tan perjuros espíritus!
¿Qué enemigos?, murmuras. Yo trabajo en mi oficio, pago mi diezmo y duermo profundamente, y no he visto a los de su especie. ¿No es así? ¿Sí? ¡Cuidado! Sólo porque no los veamos no significa que no estén ahí.

Pensad en su obra. Existen lugares desolados en el Imperio, fuera del camino del hombre, en los que hay ciertas ruinas expuestas a los elementos. Yo mismo he visto algunas de estas edificaciones, y puedo atestiguarlo. El tiempo y el clima los han erosionado hasta dejarlos lisos, pero aún es posible distinguir que esas ruinas no fueron construidas por manos humanas. Son obra de otras especies, otras razas que habitaban estas tierras mucho antes de la ascensión de los Unberogen. Podemos suponer que son reliquias de las razas moribundas; los halflings, los indómitos enanos a los que a veces consideramos nuestros aliados, tal vez incluso los Esbeltos, que perviven en los senderos de los bosques antiguos.

Sea cual fuere la identidad de sus creadores, ahora no son más que ruinas. Frías y muertas. Pero nos revelan una fuerza descomunal y una defensa formidable. Baluartes indomables, elevadas torres, terraplenes de fortificación, murallas de protección.
Mas ninguno sigue en pie. Con toda su fuerza, y fueron doblegados en el principio de los tiempos, cayeron pasto de las llamas, y fueron saqueados. Ni siquiera ellos pudieron resistir la salvaje arremetida de los enemigos oscuros. ¡Ni siquiera ellos pudieron resistir!

Pero nosotros debemos hacerlo. Esto os digo con toda la fuerza de mi corazón. Debemos ser precavidos en todo momento, y estar listos, granjeros campesinos y caballeros armados por igual, para luchar por Sigmar, por el Emperador.
El Imperio ha prevalecido durante veinticinco siglos. Ha rechazado a los brutales pieles verdes de las montañas, a las hordas tribales del norte, incluso las incursiones de los blasfemos Dioses Oscuros. ¡De todos y cada uno de los hombres que se consideran hijos suyos depende que el Imperio pueda resistir otros veinticinco siglos! ¡De ti, de ti y de ti!
¡Regocijaos, mas precaved! ¡Regocijaos, mas precaved! Este es el equilibrio que todo hombre debe recordar. Imaginad de nuevo el Imperio, el glorioso mapa, iluminado por un millar de velas. Múltiples son sus logros, grande es su poder. Ninguna hazaña de la humanidad merece mayor protección y salvaguarda.
Pero ahora la luz vespertina se desvanece, y cae la noche cerrada fuera de los ventanales. En la espléndida cámara se congregan las sombras, más intensas, más oscuras, hasta que ya no se puede ver el mapa. Sólo las llamas de las velas arden, un millar de furiosas pero frágiles luces en la oscuridad. ¡Cuan pequeñas parecen ahora, cuan alejadas las unas de las otras! ¡Cuántas zonas oscuras separan cada llama de las demás!
Y en la oscuridad, no podemos ver. Pero sólo porque no veamos, no significa que no haya nada ahí.

El viento nocturno se arremolina fuera de los ventanales. ¡Cerradlos, rápido, antes de que sea demasiado tarde! Las llamas dispersas titilan desesperadas en la negrura. Una tras otra, chisporrotean y mueren.
Cuan veloces se apagan. Cuan fácilmente se extingue su luz.
Cuan absoluta es la oscuridad que queda después.

Id de este lugar. Alabad a Sigmar, y continuad con vuestras vidas. Buhoneros, alcaldes, leñadores, soldados, taberneros, cocheros, cereros, amas de casa… volved a vuestras variadas profesiones y prosperad. Pero observad los días sagrados y las festividades, atrancad las puertas de noche, afilad el filo de vuestras armas y, en el nombre de Sigmar, cuidaos contra la oscuridad. Y recordad siempre, que el peor enemigo es el enemigo interior, el vecino que se comporta extrañamente, el cultista y adorador de los dioses oscuros, el mutante, el que no sea un buen devoto de Sigmar. Recelad de los impíos Condes vampiros de la maldita Silvanya, sita en la rural Stirland; de los bárbaros del norte, devotos del Caos; de los orcos y goblins, que provenientes del Este libran una eterna batalla contra nuestros aliados los enanos de las montañas; de los ogros come hombres, del lejano oriente; de los muertos andantes de la lejana y antiquísima región de Arabia; de las bestias del bosque; de los Elfos de más allá del mar y, finalmente de nuestros vecinos bretones, codiciosos de las grandes riquezas de nuestro querido y amado imperio. Y recordad, sólo porque no lo veamos, no significa que no esté ahí.

Regocijaos y sed precavidos.

Autor: Luis Urra Armañanzas. Marzo de 2008

Pues nada, que el Sábado 26 de Abril, mi amorcito y yo fuimos a un torneo de warhammer fantasy a la tienda de Games Workshop de Pamplona, y la cosa fue regular, a efectos del torneo, salvo algún acierto de disparos de cañón, muy mal, mucha gente, muchas estrecheces, música cansina, organizador que gritaba bastante, calor, tres derrotas consecutivas. Al menos vimos a algunos warlogs que eso siempre es un placer y a la hora de la comida, nos pasamos unas 3 horas en el cesped de la vuelta del castillo, achuchándonos, leyendo y tal.

Os pongo la foto de los mantas de imperiales que llevamos.

Ya han pasado dos años

Bueno, el motivo de este post, además de postear de una vez, que llevo muchos días sin poner nada, el torneo, el curro, la familia, mi amorcito, inglés, deporte y otras cosas tienen la culpa; es poner esta foto, sacada hace dos años, en Valencia, concretamente una noche de sábado de Abril, dentro de un bar gótico, al que nos llevó Juanjo, un gran árbitro de warhammer a la par que friki, por supuesto, digo nos llevó ya que también estuvo otro navarro en esa escapada de Rocafort a Valencia, Javier Echarte, primero por la izquierda, el otro tipo que no soy yo es Juanjo y las chicas…., ya no me acuerdo de sus nombres, pero son amigas valencianas de Juanjo. En breve, concretamente el finde del 10-11 de Mayo nos reuniremos de nuevo Javi, Juanjo y yo.

Pues eso, que ya estamos con un cartel, que la fecha es el 11 de Mayo, y que las 32 plazas ya están cubiertas, no obstante si alguien se interesa para apuntarse y tal info en el foro de la ATALAYA VIGIA.

Por supuesto, si alguien más se apunta entrará en lista de reservas, que siempre hay alguien que en este tipo de eventos, se “raja” a última hora. Ah, además, la entrada al evento como espectador es gratuita, así que animaros. Por cierto, el cartel está sin los logotipos de organizadores y colaboradores.

Pues resulta que el domingo vinieron un par de nuevos amigos a casa, Arturo y Diego, de http://vitoriabeijing.sincenet.net/ un par de ciclistas reivindicativos que están haciendo la ruta desde Vitoria a Beijing en bici. Se hospedaron en casa ya que estoy apuntado a esto: http://www.hospitalityclub.org/

otro día pongo los links en las secciones de la derecha.

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